Qué tendrán en común un melocotón y una rana.

Hoy, no sé por qué me ha venido a la cabeza una retaíla de palabras que recitaba de pequeño sin pestañear y que tampoco terminaba de comprender del todo su significado. Desde entonces, he escuchado varias versiones y todas me han hecho gracia, supongo que porque seré de risa fácil.

No se si recordaréis que aquella sarta de palabras comenzaba tal que:

Melocotón lo partimos en dos, "melo" y "cotón"...

Yo creo que ahora lo recordaría de memoria y de tirón, de tanto repetirlo, para sufrimiento de familiares. A veces alucino de la memoria que llegamos a tener y lo detallados que son algunos recuerdos de la niñez. Por ejemplo, recuerdo que en el colegio hice un trabajo sobre anfibios, en el que dibujamos (o calcamos) una rana genial. Era grande y verde, y con un poco de imaginación también era venenosa. La despellejamos (en el papel, claro) como venía en el libro, sus huesos, sus órganos, etc. Qué fabulosas horas pasábamos descubriendo anatomía de animales.

No pasaba lo mismo en el pueblo de mis abuelos. Más bien era todo lo contrario, las ranas eran pequeñas, y el despellejarlas no lo hacíamos sobre el papel. Bueno, que nadie piense que realmente despellejábamos a las ranas, solo las capturábamos y alucinábamos cuando las poníamos en lo alto de una pila de cierta altura, acariciábamos sus patas, y brincaban a un barreño a un par de metros justo debajo.

A veces caían dentro y otras no.

Ya no tan pequeño, en el instituto, hice otro trabajo de publicidad, un trabajo bastante menos inocente donde descubrí sutiles trucos utilizados para provocar al espectador. El porqué de los colores, quién utilizaba qué color, dónde, cómo... Qué formas se escondían bajo los hielos de los vasos (normalmente miembros viriles, o siluetas femeninas). Por aquel entonces, la anatomía que estudiábamos ya no era la de los animalitos.
Hay una frase que recordaré más que ninguna, y es la de un libro (no recuerdo ahora mismo cual) que decía:

Un melocotón es un culo

Me pregunté qué extraña relación habría entre un culo y una rana.

No fue hasta este año cuando descubrí la respuesta a esa pregunta y fue a raíz de una historia que me contaron, pura casualidad. Son esos momentos en los que te salta una chispa y dices "ahora todo encaja" o "ahora se ha cerrado el círculo".

De siempre me he imaginado las ranas algo tontas, no se muy bien por qué, quizás porque no encontraba explicación a cómo eran capaces de saltar desde tan alto si sabían que se iban a escachar.

Igual de tonto, bueno, o más, es querer llamar a una persona por teléfono, no saber su número y en vez de buscarlo en una guía (o directorio, o preguntarlo a alguien que lo sepa, o lo que sea!) te pones a marcar uno a uno, 987000000... ¿Está paco? no, perdone, 987000001 ¿Está Paco? no, perdone, 987000002...

Imagínense ahora que aquella historia en vez de con un número, se hace buscando por internet la dirección del melocotón de Calanda. melocoton.com 404 not found. calandamelocoton.com 404 not found melolanda.com 404 not found... (Calcula la probabilidad de acertar con la página que buscas, sin utilizar el buscador!!!).

De la estupidez humana deshice el entuerto en el que me encontré, deshice la incógnita del parecido entre la rana y el melocotón, y no era otra cosa que una demostración de lo estúpidos que podemos ser todos y cada uno de nosotros, en cualquier situación.

Y es que no utilizar la herramienta, actitud mejor o más adecuada (sabiendo que está ahí, que existe) ya no es de ser tonto, es de ser tonto del culo.

Las ranas son tontas.

Un melocotón es un culo.

Y en eso se parece un melocotón a una rana.